03 de setembre, 2007

De vuelta

De vuelta estamos. Aunque hace una semana que ya ando por el despacho, parece que la ciudad se ha despertado de las vacaciones hoy lunes 3 de septiembre. La vuelta al trabajo marca el inicio de la rutina, otra vez los trenes están llenos y cuesta coger asiento, otra vez las rondas tienen ese punto saturado que da la jornada laboral, y otra vez los horarios nos marcan los tempos diarios. En algún post antiguo ya comenté mi sensación acerca de que, a efectos prácticos, el año comienza en septiembre. Si enero queda como el mes de inicio oficial, y que además viene íntimamente ligado con las fiestas navideñas y las rebajas, es en septiembre cuando en realidad nuestra mente y nuestro cuerpo asimilan el inicio de curso. Así, es en estos días cuando puntualmente los diarios escriben sobre el síndrome postvacacional, es ahora cuando de verdad se hacen los propósitos de enmienda y las promesas para los próximos meses. De hecho, podemos pasarnos por cualquier gimnasio, o cualquier academia de idiomas, que es ahora cuando hacen sus mejores descuentos: matrículas gratis, y promesas de un futuro mejor para dentro de un año: para verano todos más guapos, más fuertes y más listos. En Enero no: bastante tenemos con pasar el cada vez menos frío invierno, comprar el recurrente billete de lotería a la postre sin premio, y con acompasar nuestro ritmo al son de las comidas festivas familiares. Como para darse cuenta de que algo cambia. Si Enero da la vuelta al calendario y pone un número más en nuestra ficha de edad, es en septiembre cuando damos inicio al resto de circunstancias. No solamente las obligaciones laborales, sino las académicas, e incluso las lúdicas. Incluso hay a quien le da por construir en fascículos semanales de a 3 euros el trocito de madera, el Santísima Trinidad, infausto pero imponente barco de guerra de la derrotada marina española en Trafalgar: el reclamo es para pensárselo: quién no desea construir en 48, 54, 72 semanas consecutivas un majestuoso barco, la casita andaluza, los coches de época, o la colección de botijos reales de Aranjuez y La Granja de Segovia? Eso sí, comenzando en septiembre, que en enero hemos de dejar hueco para los saldos de los grandes almacenes y la tan famosa cuesta ( a veces parece más que una cuesta, un considerable repecho, de esos de primera categoría oiga, no una tachuela del 3 al cuarto). En Septiembre comienza el curso para los pequeños y para los mayores. El curso escolar, el curso académico, y cómo no, el curso político. Ya estamos todos, como dijo aquél. Aunque bien es verdad que no todos estamos ni llegamos igual. Me acuerdo de cuando en el "cole" llegaba el primer día de clase: reconozco que a mí me gustaba llegar a ese primer día, no tenía lo que se dice pereza por volver a empezar. La ilusión de volver a ver a los compañer@s, de saber qué decían de nuevo los libros de ese año, saber quienes eran tus profesores y profesoras (y el tutor/a!), y ver cuál era el pupitre asignado y el compañero de al lado. Recuerdo llegar con ilusión y hacer la fila en el patio para entrar ordenadamente con los de mi curso en la clase, y dedicar todo ese día a hablar de las vacaciones. Además, el primer patio del curso siempre era muy importante, ya que decidía si ese curso estaba dedicado a las canicas, al trompo o al yo-yo. Y se definían los equipos que, día tras día, nos enfrentábamos en un espacio minúsculo para batir "a los del B". Jugar ya era mérito porque solíamos coincidir más de 4 partidos simultáneos, con otras tantas pelotas, multitud de porteros que dejaban poco espacio, y tal atasco en la pista que la palabra carrilero era más bien una quimera. En fin, que el curso político también empieza. Algunos han pasado bien de curso, traen los materiales bien estudiados y encaran los próximos meses con las mejores garantías para satisfacer las expectativas en ellos puestas. Es el caso del PSC. El Govern de la Generalitat, dirigido por Montilla, sale dispuesto a hablar, proponer, trabajar y gestionar sobre aquello que interesa y preocupa a la ciudadanía. La agenda social del Govern sigue marcando el rumbo político, y las acciones y políticas en materia de infraestructuras, convivencia y otros temas de actualidad, son la primera prioridad de un partido, el PSC, que escucha a la gente. Hay otros partidos, en cambio, que sin entrar en cómo han pasado de curso (o si han repetido), se presentan al inicio de temporada, ya rompiendo la fila, saltándose clases, y sin saberse ninguna lección. En can Convergència todavía no han asimilado que hay otro partido y otra sensibilidad al frente del Govern. Siguen con su menosprecio hacia la figura del President, como cuando utilizaron la expresión "se ha ido al pueblo", referida al President Montilla, en un claro tono peyorativo (la cara de Felip Puig lo decía todo, y es que desde luego la cara es el espejo del alma, dicen)y de desprecio. No soportan la idea de un catalán nacido fuera de Catalunya, y menos aun, con un apellido que no identifiquen con algún linaje digno de llegar a la más alta institución, sea democráticamente President del país. Pero no ofende quien quiere sino quien puede, ya que al margen de mostrar el orgullo para todos aquellos que tenemos ( y tienen) pueblo (y poble), o sea, raíces, y que hacemos alarde de nuestra catalanidad e identidad nacional, sin olvidar los orígenes, ya sean estos geográficos, sociales, al margen de esto, este Govern, y este President han estado y están a la altura de los acontecimientos, y respondiendo con rapidez y eficacia a las necesidades de cada momento, muchas de ellas convertidas en problemas gracias en parte a la desidia y a la nefasta gestión de más de 25 años de gobierno convergente. Porque a ver si ahora va a resultar, que los vagones y catenarias tienen vida propia, y que cuando se enteraron de que un socialista era presidente decidieron dejar de funcionar, fallar o hacernos la vida imposible. Cierto es que la paciencia de la ciudadnía se agota, que ya se ha padecido bastante las deficiencias de infraestructuras, y que ya es hora de soluciones y gestión. Y en eso estamos. Señores de Convergencia, no traten de engañarnos: la desidia y la precariedad en el mantenimiento de las infraestructuras, la dejadez presupuestaria y la dotación económica para otras partidas más rentables para sus "intereses nacionales" (o de partido, ya no sabemos si se confunden tantos intereses), hicieron que las infraestructuras en Catalunya se fueran degradando hasta tal punto que, por ejemplo, al menor cambio sustancial (o el simple paso del tiempo), éstas comenzaran a dar síntomas de cansancio. Ha bastado que, después de muchos años de abandono, de aplazar fechas límite y de promesas Convergentes y Populares incumplidas, un Gobierno socialista dé el empujón definitivo a la financiación y a las obras del AVE, poniendo fecha en esta legislatura para la llegada a Barcelona, para que desgraciadamente comprobáramos el estado deficitario de la red de cercanías. Este Govern ha tenido que lidiar con los problemas continuos provocados por la dejadez, y lo ha hecho con todos sus recursos (propios) al alcance, conociendo y compartiendo la preocupación y el enojo de la ciudadanía, por no tener las infraestructuras que se merece Catalunya. Como la situación en la red eléctrica, o en las autopistas de nuestro país. El PSC tiene un compromiso firme con la ciudadanía, y con el progreso de ésta. No ofrece palabras vacías ni titulares. No promete la independencia en el 2014, ni en el 2050. No habla del soberanismo ni busca huir de los problemas reales de la gente. Aunque para ello tenga que asumir el coste de tener que ser el que da la cara. Para eso se está. Para ofrecer a la ciudadanía un horizonte esperanzador y de progreso, con políticas públicas progresistas que mejoren nuestra calidad de vida, y que hagan de Catalunya un país donde cada día se viva mejor.
Saludos.