21 de desembre, 2007

Retales diversos, seguramente dispersos, y efectivamente sin pretensiones

Las pequeñas cosas
Últimamente me fijo más en las pequeñas cosas. Les doy vueltas, reflexiono e intento sacar conclusiones personales. Me las quedo para mí. Intento fijarme más en los pequeños detalles, en los gestos, los silencios, las miradas. Una mirada, un medio giro del cuello, una espalda que se vuelve, o unos dedos inquietos rodeando un bolígrafo, dicen muchas más cosas de las que la propia palabra o la acción pueda decir. Intento descifrar qué está pensando, cómo se siente, qué está queriendo decir, o qué quiere hacer seguidamente. También estoy más atento a las expresiones corporales de mi propia persona. Es algo cierto que alrededor de un 80 % de lo que expresamos lo hacemos a través del lenguaje llamado no verbal y paraverbal, es decir, con nuestros gestos, expresión y posición. El resto es lo que decimos. En una época en que se dedica muchos tiempo a pensar lo que decimos, es tan importante el cómo lo decimos, el cómo escuchamos, o cómo compartimos el espacio con los demás. Las pequeñas cosas son grandes pozos de información. Sólo hay que estar atento a cuando ocurren, y acertar con las conclusiones.

El silencio
Hoy he estado comiendo con unos amigos. Ha estado bien. Un buen sitio, tradicional, en el barrio gótico, y una buena conversación. Hoy he estado callado casi toda la comida. En un momento de la misma, incluso, mis acompañantes comensales me lo han hecho notar. Supongo porque están habituados a que intervenga bastante más de lo que lo he hecho. Desde siempre, en aquellos sitios en los que he estado, y donde he podido intervenir, lo he hecho, siempre que tuviera algo que decir. Quizás por ello hoy se extrañaban. La verdad es que hoy he preferido estar atento, escuchar, fijarme, y, por qué no, aprender. Reconozco que el tema de la conversación no era mi fuerte y que quizás no tendría mucho que aportar, por lo que he preferido mantenerme al tanto pero sin intervenir apenas. En estos casos siempre es preferible dejar hablar a los que saben, y tomar nota para la siguiente vez. Y preguntar. Como decía Sócrates: sólo sé que no sé nada, pero procuro saber un poco más

Las horóscopos
El otro día, navegando por la red, descubrí una página donde hacían una amplia disertación sobre las características de las personas nacidas bajo el signo de Cáncer, y he de decir que casi, casi, encuentro alguna explicación lógica. Mi amigo Marcos dirá que no hay base científica en eso y que si a todas las personas que nacen entre los 30 días de un signo le tienen que pasar las mismas cosas que se definen en los horóscopos (y los hay de todo tipo, algunos muy peregrinos y sonrojantes en sus planteamientos, que no se ocupan siquiera de disfrazar de algo serio lo que ya de por sí no lo es) , sería poco menos que un caos, o como poco algo ilógico. Aunque bromee con él sobre esto, y otras cosas, evidentemente creo que tiene razón. Pero eso no quita para que a veces alguien pueda creer que, efectivamente la Luna en la casa de Acuario está afectando a tu estado de ánimo, o que la visita de Saturno a la constelación de Orión justifique tu resfriado. Creo que las personas han de poder creer en aquello que les haga sentir bien, si ello no hace mal a nadie. Con la conciencia de que ello no se ha de utilizar para autoengañarse, engañar, manipular o sustituir aquello que sí que se basa en la ciencia empírica. En ningún lado está escrito que el ser humano sea infalible, ni que no tenga miedos, dudas, incertezas o deseos. Desde siempre, la humanidad, colectivamente o de manera individual ha creído en algo. Cada uno a su manera, cada uno en aquello que le hace sentirse bien o en aquello que le da una razón para justificar las cosas. Todo puede ser comprendido, siempre dentro de los márgenes de la no ofensa o violencia sobre otros. La vida es algo demasiado complicado para que todos tengamos que entenderla. A veces basta con asumirla, llevarla, e intentar disfrutarla, sin dañar a nadie, ni siquiera a uno mismo. Pero no es menos cierto que, sobre todas las demás conjeturas, sólo la ciencia tiene las respuestas ciertas. Sólo que, posiblemente, hoy por hoy, aun son más las preguntas que las respuestas. Pero eso es motivo de un texto algo más elaborado.

El estado de ánimo
Una canción, una palabra, un gesto, una imagen, sirven para despertar la conciencia sobre el estado de ánimo. El ser humano tiene como una de sus cualidades más preciadas, no sólo la capacidad para sentir, sino la capacidad para apreciar que se está sintiendo: la conciencia de sentir, de estar, de cambiar, de evolucionar. Nos sentimos alegres, contentos, tristes, apenados, melancólicos, ufanos, enfadados, decepcionados, ilusionados, y sabemos la causa de nuestro ánimo. El cuerpo y la mente reaccionan ante las variaciones en el estado de ánimo. Y buscamos aquellos inputs que nos generan sensaciones positivas.

La escritura
La escritura también es un estado de ánimo, y también ofrece respuestas.

Los días de navidad
En estos días parece que es casi una obligación hacer evaluación del año, y hacer propósito de enmienda para el siguiente. En el post de septiembre ya os dije que yo eso acostumbro a hacerlo en ese mes. No obstante, eso no quita para que estas fechas den para hacer un poco de reflexión. Son días donde se mezcla todo: tradición, religión, modernidad, consumismo, etc; cada uno le busca la causa que más le atraiga. Pero es cierto que a todos nos une una cierta propensión a tener más presentes a nuestros seres más queridos. A los que están y a los que no. Y en esto me quiero parar yo: en el recuerdo para aquellos con los que estos días siempre fue una tradición, y con los que siempre nos ha gustado pasarla. Así como es de recibo tener un pensamiento para la gente a la que hemos apreciado y apreciamos, durante todo el año, es en estos días donde inevitablemente pueden tener más presencia en nuestros pensamientos. Con todo mi cariño y mi recuerdo, dedicado.

Saludos.