12 de desembre, 2007

Al hilo de ayer

Como decía ayer, esto de escribir es un acto que ha de venir de gusto. Encontrar un poco de tiempo y algo que decir. Es más, cuando he tenido ocasión de impartir alguno de los cursos de Técnicas de Comunicación (Oratoria, en este caso nivel I), siempre explico que para empezar, aquél que pase de espectador a orador, ha de seguir las primeras reglas básicas; a saber: tener algo que decir, atreverse a decirlo, decirlo bien, y saber callarse. Sólo así podemos mínimamente garantizar que aquello que saldrá de nuestro interior (palabras o escritos) tenga algo que transmitir. Luego vendrá eso de tener dotes y cualidades (aptitudes; y actitudes) para comunicar, cosa imprescindible, y haber determinado previamente el objeto y objetivo de nuestra intervención: qué queremos decir? a quién se lo vamos a decir? qué reacción buscamos en nuestro interlocutor? Pretendemos informar? opinar? ordenar? transmitir alguna sensación? emocionar? En fin, todo aquello que se requiere para conseguir una buena comunicación. Estar atento al público, saber qué es lo que espera, qué es lo que desea, cuáles son sus sentimientos en ese momento. Descifrar las necesidades y ofrecer las respuestas adecuadas. Es importante el estado anímico del emisor: importante también su voluntad, su decisión, su actitud, y su contenido. Pero aún lo son más las circunstancias y connotaciones de quién recibe el input que se ofrece. Estar atento a lo que nos rodea.
El lunes, un buen amigo me dijo que aun mi inactividad, seguía periódicamente este blog. Me dijo que hacía tiempo que no escribía (cierto, 3 meses, como dije ayer), y que tenía que encontrar la manera de volver a sentarme delante del teclado. Hoy, otro buen amigo me ha enviado un sms en respuesta a otro que le he enviado yo anteriormente. Me responde y acaba con una mención al blog: que lo irá visitando. Por eso decía ayer que actualizar el blog es como un compromiso entre dos: el que lo escribe, y el que está al otro lado, parte integrante de un todo, de una "masa", y parte individualidad, tú que estás al otro lado de la pantalla, leyendo estas líneas. Mi compromiso es contigo, por volver a mirar lo que se me va ocurriendo; o contigo que has entrado por primera vez aquí. Es como pasar por una tienda cada cierto tiempo con la certeza de que han cambiado el escaparate: hay nuevos libros, o nuevos zapatos, o ropa de esta temporada, o el último cd del grupo que sigues. Si no renuevas el escaparate, es posible que el transeúnte no deje de pasar por esa calle, a lo mejor es parte de la ruta que hace para ir al trabajo, al gimnasio, a casa, o al supermercado; pero si no cambias el escaparate, lo que si que pasará es que, aunque pase por delante, al final, deja de girar la cabeza y curiosear qué hay expuesto. En la red, los transeúntes no dejan de pasar, de pasear, de navegar; en la red los visitantes siguen su camino, y si uno no se renueva, al final, dejan de girar la cabeza. Pero esto, como dije ayer, no es lo más importante. Al final, si no se renueva el escaparate, la tienda deja de tener sentido, se hace monótona, deja de transmitir. Y eso si que no.
Saludos.
Por cierto, gracias por estar (seguir) ahí.