03 d’agost, 2007

Incendios

Cada año la misma historia. No por repetida deja de ser menos dramática. Desgraciadamente, verano tras verano, y cada vez más en períodos no tan calurosos, los incendios se ceban con la naturaleza. La macabra lotería pirómana se ha cebado con Catalunya, con Galícia, etc, y este año las imágenes más tristes han venido de las Islas Canarias. Creo que es justo expresar mi solidaridad con toda esa gente que ha padecido muy de cerca la sinrazón y violencia de un fuego desbocado. A aquellos que han sufrido daños personales y materiales, a los familiares de los que han perecido por causas vinculadas con los incendios. Ayer, por ejemplo, la hija de un compañero de partido muy querido en Sabadell, Simón Saura, fallecía mientras participaba en las labores de extinción de un nuevo fuego. Mi pésame a Simón y a su família, en estos momentos tan trágicos. Y mi reconocimiento a la labor de todos aquellos que, como su hija, han participado y participan de las labores de extinción de incendios. A veces, como desgraciadamente ha ocurrido ahora, se dejan más que el esfuerzo y su trabajo, llegando a perder la vida.
Las causas de los incendios son variadas, y dicen los expertos que sólo el 10 % es causado por pirómanos desalmados. Dicen que el verdadero drama está en la quema de rastrojos y en los descuidos e imprudencias. Puede que sea verdad. Aunque un fuego, una vez desatado no entiende de autores. Pero lo que sí es cierto es que la alarma social justificada se acentúa cuando es la voluntad de una o varias personas las que ejecutan la macabra operación de prenderle fuego a algo que está vivo y que genera vida. Mi desprecio más absoluto para aquellos que han pasado de jugar con fuego a hacer fuego. Que se investigue siempre, y que se detenga a los culpables. Que caiga sobre ellos el peso de la ley y que cumplan condena por sus actos malvados.
En este siglo XXI, ya es vox populi que nos estamos cargando lentamente nuestro planeta. La acción humana es la causa más importante del cambio climático. Un cambio climático que provoca que cada vez haya más deshielo, que las temperaturas cambien, que España sea cada vez un país con más zonas desérticas cada vez, que hace que los veranos sean cada vez más torridos, y que cuando llueve, lo hace menos pausadamente y más con riadas e inundaciones que se llevan todo por delante. Y eso también está en las causas de que las desgracias lo sean más.
Volviendo a los incendios, recuerdo cuando hace unos 20 años, en Catalunya hubo uno de las grandes catástrofes ecológicas derivadas del fuego. En nuestra família tocó vivirlo de cerca. Aunque no hubo que lamentar daños personales, sí que los hubo materiales y, sobretodo emocionales. Mi infancia y mis mejores y más entrañables recuedos transcurren en una modesta casita de campo que mis tíos tienen en El Pont de Vilumara, en el Bages, cerca de Montserrat. Desde que tengo uso de razón he ido a pasar los fines de semana con mis tíos, primos, mis padres, mi hermana...Allí aprendí a andar en bicicleta, a nadar en una pequeña piscina, aprendí a no tener miedo de la noche, cuando pasábamos horas contemplando las estrellas tumbados en la hierba; allí aprendí a jugar al ajedrez con mi primo mayor, y pasaba el día volando entre juegos y agradables compañías. Un verano oímos por la radio que se había producido un incendio en aquella zona. Quedó todo calcinado. Cuando volvimos a subir al cabo de un par de meses, creo que lloré. No debería tener más de 10 años pero la sola visión de toda la masa forestal convertida en carbón aun la guardo en mi retina. Desde aquél día aun le tengo más aprecio a la naturaleza. Seguimos yendo a pasar los fines de semana. Ahora sin tanta alegría, por la falta de pinos, de animales, por la falta de vida. Sólo el tiempoy el esfuerzo de mucha gente que ha seguido creyendo en la naturaleza ha permitido que ahora aquello, 20 años después comience a parecerse a lo que era antes. Pero 20 son muchos años, para algo que tardó siglos en crearse y que en pocas horas se destruyó.