27 d’abril, 2007

Ley de la Dependencia

Entre tantas noticias que nos inundan cada día, y en las que pocas veces vemos atisbos siquiera de esperanza, se agradecen sobremanera aquellas que nos recuerdan que es posible un mundo mejor.


Hoy es portada en la prensa la aplicación en Catalunya de la “Ley de la Dependencia”, que yo saludo y con la que me congratulo. Es importante que se resalte la importancia histórica de esta ley. Una ley a la altura de la universalización de la sanidad, de las pensiones o la educación pública y gratuita. Los tres históricos pilares del Estado del Bienestar, vienen a saludar a un nuevo compañero de viaje: la dependencia. Estamos antes un reconocimiento, político y social, a aquellas personas que carecen de la autonomía suficiente como para valerse por sí mismas; a aquellas personas que, por diversas circunstancias han de depender de otras para sobrellevar el día a día.
El Estado hace su función, que no es otra que la de garante de los valores y derechos de todos los ciudadanos, sin distinción, procurando erradicar las desigualdades y promoviendo los mecanismos de acceso a una mejor calidad de vida. Ha tenido que ser otro Gobierno socialista, con una marcada sensibilidad social, el que ponga sobre la mesa la nueva pata que sustenta el Estado del Bienestar. En una época de marcados acentos y debates identitarios, y con ciertos sectores políticos intentado desfocalizar la atención de los verdaderos problemas de la ciudadanía, reconforta que, pese a lo que los agoreros conservadores de la derecha sostienen, la confluencia de gobiernos socialistas y sensibilidades de izquierdas, garantiza el progreso y el bienestar.
En Catalunya, el propio President Montilla está convencido y encabeza la priorización y gestión política de los avances sociales. La Catalunya social es una realidad. Una realidad que no hace de la política para las personas un mero reclamo o lema electoral, sino que se ejerce desde la actuación directa de los problemas que más acucian.
Todos tenemos en mente a algún familiar o conocido que ha pasado y dedicado muchas horas al día, muchos días (en esto no hay festivos, ya que todos son laborables), en definitiva, muchos años de su vida, atendiendo a algún familiar directo por motivo de la dependencia de éste. Cuántos de nuestras madres y padres no han cuidado a nuestras abuelas y abuelos, por ejemplo? Cuántos maridos y esposas no han estado al lado de su pareja? Siempre desde el silencio y el olvido. Siempre con un padecimiento doble. Es justo reconocer la dedicación de todos aquellos que, en el seno de la familia han tenido que hacerse cargo de algún familiar. Como lo es también de justo, que se trabaje por mejorar las condiciones del sistema sanitario y de asistencia, para bien de aquellos que han de utilizarlo. Las medidas encaminadas a favorecer el cuidado en casa, la atención domiciliaria, los centros de día, las residencias especializadas, el garantizar la suficiencia económica, todo, es un paso adelante para nuestra sociedad.
La ley de la dependencia viene a recordarnos uno de los valores que están en el frontispicio de nuestra ética: la solidaridad. Como socialistas, es uno de los valores principales de nuestro ideario, que bebe directamente de las fuentes revolucionarias del siglo XVIII. Aquél “Fraternité” es el antepasado de nuestra solidaridad. Porque qué es si no la solidaridad más que fraternidad? Acaso fraternidad no viene de “frater”, palabra latina para decir “hermano”? El tratar a nuestro prójimo, y sobretodo al que lo necesita, de manera fraternal es hacer un acto de respeto y solidaridad.
Por ello los Gobiernos han de estar siempre a la cabeza de la política social y ha de avanzar siempre con el horizonte puesto en la reducción de las desigualdades. Los valores que nos definen nos hacen como personas y delimitan nuestro acervo ciudadano. Por ello es bueno y necesario saludar todas las novedades encaminadas a mejorar la salud de nuestro reconocido y necesario Estado del Bienestar. Por eso los distintos gobiernos han de ser siempre pioneros en la renovación del compromiso con las políticas sociales. Es desde las instituciones desde donde se ha de saber ver cuáles son las prioridades para las que dedicar su trabajo. La ciudadanía, representada en los parlamentos, tiene el derecho de exigir de sus gobernantes, no sólo que tengan una sensibilidad hacia los problemas que les acucian, sino de ver cómo los avances promovidos a través de la política supongan un verdadero salto siempre hacia delante en la mejora de nuestra calidad de vida.
Por ello, y para finalizar, felicitar por este nuevo salto adelante, así como por la sensación que poco a poco va calando, de que al frente de los Gobiernos catalán y español hay equipos de trabajo y liderazgo político y social para hacer avanzar la sociedad. La encuesta de esta semana de El Periódico ya lo mostraba. En Catalunya, el President Montilla, no sólo se afianza, sino que es visto como un político verdaderamente preocupado y ocupado con los problemas que tiene la ciudadanía, y que va poniendo los instrumentos necesarios para incidir en la vertiente social de nuestro país. Eso merece todo nuestro elogio y reconocimiento.
Saludos.