09 de març, 2007

Actitud ignominiosa del PP

Cuando estudiaba derecho, en la facultad de la Universidad de Barcelona, siempre tuve una sensación especial cuando me tocaba hacer clases en el aulario que hay justo entre los 2 edificios principales. No eran muchas clases, la verdad, porque hice casi toda la carrera en el turno de tarde (T-1) entre las aulas 2 y 4 del edificio principal. La tarde en la Universidad era realmente especial. En ese primer año, aun funcionaba el viejo bar, situado donde ahora está parte de la biblioteca, y en una época sin ley antitabaco algunas horas pasé entre cafés, apuntes, y humo de cigarrillo ajeno. Al poco se construyó el aulario nuevo, ése que disponía en su planta a pie de calle con un bar más moderno y adonde tuvimos que emigrar, no sin esfuerzo, a tomar el café reglamentario de las 6 de la tarde. Lo que hacía especial, y hace para mí todavía, es el nombre que se le dio. Hacer clases de derecho en el Aulario Francisco Tomás y Valiente era como un homenaje a uno de los más grandes constitucionalistas. Antiguo presidente del Tribunal Constitucional, “Paco Tomás” como algún amigo allegado se permitía llamarle, era uno de esos hombres de bien, que en España ha existido. Yo, que siempre he tenido un punto mitómano, siempre sentía algo especial. Como la pena que sentí el día que lo mataron.
A Francisco Tomás y Valiente lo asesinaron a traición, cobardemente, como sólo lo saben hacer los terroristas. Según testigos presenciales el terrorista entró en el despacho el 14 de febrero de 1996 y asesinó al ex presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Le disparó tres veces a bocajarro y huyó. Hay días que recuerdas siempre, y sensaciones que no se olvidan. La muerte de Tomás y Valiente fue una de esas ocasiones. Yo hacía primero de carrera.
Luego vino la repulsa ciudadana y la unión del mundo académico y estudiantil. Alguien tuvo una simple idea: pintarse las manos de blanco y enseñarlas al cielo. Dicen las crónicas de la época que la manifestación ciudadana fue la más multitudinaria desde el 23-F.

En silencio pidiendo la paz, la convivencia y el fin del terrorismo. La ciudadanía en la calle. Y un gesto convertido en símbolo. Un símbolo para todos.
Como lo fue, y como lo es el lazo azul.
Y este sábado el PP convoca una manifestación contra el Gobierno y se apropia del lazo azul.

Los símbolos no deberían ser propiedad de nadie, y menos de un partido político. Nadie puede apropiarse de los sentimientos de la gente, y mucho menos arrogarse la potestad única de poder levantar según qué símbolos. Es mezquino, indigno e irrespetuoso que un partido político, y en este caso el principal partido de la oposición se apropie de aquello que unió y que une. Que utilice los sentimientos de manera absolutamente partidista, y que no ceje en su empeño.
Mucha gente quiere la paz y el fin del terrorismo. La mayoría aplastante, abrumadora, absoluta de los españoles. Muchos no creemos en la táctica del PP de salir constantemente a atacar al Gobierno y a utilizar el terrorismo como arma política. Nos preguntamos hasta cuándo seguirán en esta táctica; nos preguntamos si queda alguna voz valiente dentro del PP que se desmarque, y nos preguntamos si va a seguir dando alas a la extrema derecha.
Puede que mis palabras suenen algo duras, pero lo que más tengo es desánimo e indignación. Desánimo de ver cómo se oyen cosas muy duras y mentiras y manipulaciones para desprestigiar al Gobierno, a los socialistas, y a mucha gente de sensibilidad de izquierdas. Indignación porque se nos insulta cuando se dice que se apela a las personas normales, a las personas sensatas a manifestarse el sábado contra el gobierno. Yo, no me precio de ser nada especial, ni estoy por encima de nadie, pero creo que normal (y sensato) sí que soy. Y no voy a ir a la manifestación. Y apoyo a mi Gobierno a que siga intentando que la paz llegue, y que no ceje en su empeño de querer un país libre de terrorismo.
Recuerdo el día que secuestraron a M.A. Blanco y luego lo mataron. Acababa de entrar en las juventudes socialistas. Ese día, estaba en el barrio Centre de L’Hospitalet y al enterarnos de la noticia, un grupo de militantes de las JSC de entonces fuimos de manera espontánea al local del PP en ese mismo barrio. Ahí les dimos el pésame y nos solidarizamos con ellos. Su muerte era una muerte compartida. Como la fue la de su concejal en Sant Adrià; y como fue la de Ernest Lluch. Como todas. En la muerte y ante el terrorismo no hay partidos, sólo seres humanos. En la angustia, en el apoyo, en la rabia y en la desesperación no hay colores, sólo personas. Las personas unidas con un solo fín. El fin de la violencia y del terror.
Porqué el PP se empeña en seguir dividiendo? Hasta cuándo va a estar en esta espiral cuyo único fin, espurio, es derrocar al gobierno legítimamente elegido?