16 de febrer, 2007

Viernes

Hoy es viernes. Como podría bien decir mi personaje de cómic favorito, Calvin, siempre he pensado que en el reparto de días, el viernes llegó tarde. Sí, yo al menos, siempre lo he considerado un día diferente. En el sentido tradicional, el viernes, no es más que el 5º día de nuestra semana, o el sexto para algunos: para aquellos que, circulando por la izquierda y pesando en onzas empiezan a tachar sus calendarios desde el domingo. No sé, son solo ideas, pero en una visión de la vida más epicúrea, sería un bonito día para acabar la semana. Que mejor manera que empezar la semana un sábado?
Muchos sábados son días laborables, pero tienen otro aire. Y, además, tienen el domingo más cerca.

Hoy, por ejemplo, acabo la semana (y empiezo la siguiente), con una llamada telefónica de Marcos. Muy recomendable! 10 minutos de conversación sin ningún orden aparente, ni ninguna premisa; simplemente dejar escapar las ideas, enlazar un tema con otro, mezclar los temas sin saber cuando has empezado uno y cuándo lo has acabado; y lo que es mejor! sin saber porqué. Tampoco interesa; todo eso aderezado con palabras de sonido estrambótico (qué curioso no?, la palabra estrambótico, es en sí misma estrambótica), y una sola regla: reír. La sonrisa debería recetarse, y ser de obligada toma. Una cada 8 horas, durante el resto de su vida, diría el prospecto. En caso estados de ánimo deprimidos o furiosos, duplicar la dosis.

Definitivamente, el viernes merecería un trato diferente.

Pd: párrafo sin más pretensiones que dar rienda suelta a ideas simpáticas.