13 de febrer, 2007

Cuando llevas tanto tiempo sin escribir, ningún tema es apropiado. La mejor opción puede ser simplemente dejar que las manos y dedos recorran suavemente el teclado, y que configuren algo parecido a una disculpa por estar tanto tiempo -demasiado- alejado de la escritura.
El amago de analizar un tema es inmediatamente apagado por la aparición de otro más importante, o de más actualidad. Por qué escribes sobre esto si puedes escribir sobre aquello otro? Por qué ahora, y no ayer? o hace una semana? o 40 días? Pór qué? por qué? por qué? Demasiadas preguntas, para las que no tengo respuestas. No sé si dejé de acercarme a esta ventana sin ninguna razón aparente o fue por demasiadas razones. Tampoco creo que tenga mucho sentido analizarlas. Siento como si hubiera llegado una buena mañana de otoño a la playa. He recorrido la arena despacio, descalzo. La mirada fija en el horizonte, pero evitando el contacto directo con las olas. He esperado este día y no dejo de pensar en lo que esconde el azul del mar. Tranquilidad bajo las olas o simple apariencia que oculta remolinos. Me siento como si mis pies rozaran la tierra húmeda que bordea el mar. En el momento en que notas su frialdad. Poco a poco, a tientas casi, sumergerte, y acostumbrar tu cuerpo a la sensación. Después, estirar los brazos y comenzar a nadar. Nadar, nadar, nadar....escribir. Nadar en libertad. La escritura es como un buen baño. No es necesario competir, lo mejor es hacerlo por placer. Por eso no hace falta excusas, ni temas, ni titulares. Simplemente, esperar el momento, probar, acercarte, y dejarte llevar. Vuelvo a tocar con mis dedos- de la mano en este caso- la orilla de mi teclado, y no lo noto frío. Noto que me acoge como la primera vez, como cuando aprendí a nadar, como cuando aprendí a escribir. Noto que me guía, que escribe por mí, y que me acompaña en este viaje. Noto que fluye, que no me pide más que aprecio. Porque al mar hay que quererlo. Como hay que querer a la escritura. Y respetarlo. No te impone ninguna obligación, pero sí una lealtad. Al mar hay que mirarlo y aprender a descifrarlo. Hay días que lo mejor que puedes hacer es simplemente observarlo, respirarlo, pasear por su ribera. Hay días que es mejor contemplar cómo otros hacen buen uso de él. Al mar también hay que cuidarlo, y no dejar que le hagan daño. Como la escritura. Hay momentos que hay que pararse a pensar, y otros correr a volcar aquello que ronda por la cabeza. Hay momentos para cada cosa, sólo hay que saber interpretarlos. Como al mar. La sensación que me da este pequeño chapuzón es gratificante. He vuelto a contactar y me vuelvo a sentir como siempre. Nada cambia. La escritura siempre estará ahí para dejarte llevar. Por eso no pongo titulares, y por eso no prometo nada. Simplemente el placer de escribir y retomar el contacto. Tiempo habrá de profundizar.