28 de febrer, 2007

Bermejo Ministro de Justicia


Hace días que tengo rondando por la cabeza escribir algo sobre el nuevo Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. He leído en algún blog que visito de vez en cuando que se ha declarado blog “pro Bermejo”, tanta es la admiración, ánimo y soporte que ha causado entre las filas de la gente progresista. Este humilde blog en el que plasmo mis “cosas” es también un buen lugar para decir que el nuevo Ministro es una persona necesaria en el actual ambiente parlamentario y en el horizonte que se otea. La ultra derecha mediática arrecia como lo hizo del 93 al 96. En aquella ocasión, la alianza de medios y de poderosos para echar a Felipe y a los socialistas del Gobierno, convirtió la arena política en un triste espectáculo que elevó a cotas inauditas la mentira, la manipulación y el ataque a las instituciones. Incluso Ansón (uno de sus instigadores y participantes), llegó a reconocer más tarde que todo había estado orquestado para poner al bajito de las Azores como Presidente del Gobierno.

Ahora, cuando la alternancia ha vuelto a las Cortes, y cuando la derecha ha vuelto a perder el poder por las urnas, aquello que parecía insuperable, está siendo, y con creces superado. El PP, el principal partido de la oposición, aparece como mera comparsa de una política de ataque sistemático al Gobierno, a las instituciones, y a un descrédito sublime por todo aquello que no alimente las tesis “paranoides” de quienes las sustentan. El partido que acuñó la palabra “pancartero” al referirse al apoyo de las protestas cívicas y ciudadanas contrarias a las megalomanías y torpezas del Gobierno Aznar (Huelga General, Chapapote, la entrada en Irak…) ahora aparece casi a manifestación por mes contra todo aquello que haga el Gobierno. Y lo hace a menudo al lado de la misma derecha y la extrema derecha. Es difícil imaginar cuánto va a durar su famoso viaje al centro. Sólo pensar de dónde pueden venir para dirigirse al centro y tardar tanto ya se ponen los pelos de punta.

Con un PP desorientado, dividido entre liberales, democristianos, derecha y más allá de la derecha, y con un ataque hacia instituciones clave como la judicatura, instigadas desde púlpitos mañaneros radiofónicos, asistimos a un penoso debate sobre la politización de la Justicia. Y es que, sin ir más lejos, el Presidente del Tribunal que ha de juzgar el mayor atentado de la Historia de España, ha sido elegido gracias a la mayoría conservadora del CGPJ y hasta 2 veces el Tribunal Supremo ha tenido que anular la elección. El mismo CGPJ, con un Presidente de marcada tendencia conservadora y que no esconde sus tendencias, está “en interinaje”, ya que el PP está bloqueando la modificación de algunos de sus miembros, cuyo mandato expira. Un CGPJ elegido en época aznarista está ahora sin poder ser renovado. Pero es más, en el colmo del paroxismo, el propio Tribunal Constitucional, en una de sus decisiones más polémicas, ha recusado por primera vez en su historia a un miembro, el magistrado Pablo Pérez Tremps, por hacer lo que un miembro del TC ha de hacer, es decir, estudiar, y escribir. La situación se hace complicada de entender para la ciudadanía que ve cómo hasta las más altas instituciones pueden verse afectadas por este acoso.

Y en estas llegó Bermejo, fiscal vilipendiado, marginado y apartado en época pepera, junto a otros de la talla de Jiménez Villarejo por el entonces tándem Michavila (Ministro) y Cardenal (Fiscal del Estado). Es por ello que la elección de este hombre como Ministro no sólo ha generado miedo, sino un odio exacerbado en las filas bajo la batuta de Acebes. Le temen porque no se va a callar. Porque no piensa plegarse a los ataques e insultos de la bancada pepera y porque va a dar un impulso a la confianza de la ciudadanía para con la judicatura. Zapatero es un gran gobernante, y su actitud, su talante, su determinación y firmeza, y su honestidad son necesarias. Bermejo es un jurista excelente, solvente, una persona de profundas convicciones de izquierdas y a buen seguro un gran Ministro de Justicia. Por eso creo en el acierto de la decisión.

Saludos.