01 de gener, 2006

Día de año nuevo: Viena y Garmisch

O qué sería de la vida sin las pequeñas cosas que se repiten año tras año

Este año nuevo, me he vuelto a despertar, tras una noche de celebración por la despedida del año que se va, y he vuelto a rememorar algunas cosas que, de manera reiterada, se van repitiendo. La vida, como alguna vez he coincidido con los que asó la definen, es como la historia, cíclica. Y las cosas se van repitiendo, con mayor o menor similitud con el devenir del tiempo. Una de las cosas que nos hacen a los seres humanos fijar nuestra pertenencia a este mundo, al margen de vivirlo lo mejor que podamos (y nos dejen), es la certeza que veremos repetidas muchas cosas. Quizás eso le quita algo de emoción al asunto, y tiene un lado poco imaginativo, pero si pensamos lo contrario, si llegamos a la conclusión de que algunas cosas se pueden acabar, quizás nuestra concepción de la vida cambiaría. Bueno, creo que me estoy yendo por derroteros demasiado fiosóficos. Esta desviación me llevaría a hablaros de cosas que quizás, otro día, os haga llegar en forma de reflexión. Hoy, simplemente, quería comentar la sensación placentera y de rutina bien entendida, que me da el ver que, hoy día 1 de enero, he podido volver a ver la retransmisión del concierto de la Filarmónica de Viena de polkas y valses, este año en homenaje a Mozart (en su 250 nacimiento) y que siempre acaba, con la deliciosa Marcha Radesky (sí, esa que el público aplaude al compás de la orquesta y del director). Además, año nuevo es sinónimo de saltos de esquí desde la estación de Garmisch Partenkinchen (o algo así), dentro del torneo de saltos de esquí de los 4 trampolines. No os quiero aburrir con detalles, simplemente recalcar, y os animo a que lo hagáis vosotros, sobre aquellas cosas que sademos que se van a producir cada año. Esas cosas que son como pequeñas citas con la historia cíclica, que pueden ser banalidades, pero que nos ayudan a seguir ahí y a tener otro vínculo más. No tiene por qué ser temas deportivos, si bien, en mi caso, he de reconocer, que, desde que soy muy pequeño, siempre recuerdo ver con mi padre una mañana de sábado el fabuloso Descenso del Sella, con cientos de piragüistas; o me quedaba con la boca abierta viendo cada año la carrera de caballos del Gran National. Seguro que la vida es mucho más, seguro que los años, los meses y los días tienen muchos recovecos, muchas aristas, y muchos lados que nos preocupan, nos entretienen, nos mantienen o nos ocupan, pero hoy quería tener un recuerdo para aquellas pequeñas cosas, que nos hacen sentir diferente. Pensar en los recuerdos de la infancia, en los recuedos de adolescencia, en nuestros períodos de estudio y/o trabajo, en el deporte en el cole, cuando sólo rezábamos en secreto los viernes por la noche a un dios que por favor no hiciera llover el sábado siguiente, porque teníamos partido; en las jornadas de domingo por la tarde, robando horas a los deberes con una oreja rebelde que se iba al transistor del carrusel. Pensar en todas aquellas cosas que cada año nos han marcadao y que componen nuestros buenos recuerdos. Unos recuerdos que siempre están presentes y nos vienen de vez en cuando. A mí, os lo confieso, me vienen cada año nuevo, cuando me levanto y veo en la tele el concierto de Año Nuevo; en ese momento pienso en el año que se ha ido, en el que ha de entrar, en qué me deparará, cómo lo voy a afrontar; en las cosas que tengo que mejorar; pienso en los que me quieren y en los que quiero; y me acuerdo de los que no están; luego, y al compás de la marcha Radesky, me levanto, y con las palmas de fondo, emprendo el camino del nuevo año.
Saludos.