08 de desembre, 2005

Semana de acueducto y cenas

Ésta es una semana un poco especial. En primer lugar porque las dos fiestas: una cívica y la otra religiosa, que siembran los días laborables hacen de ella un auténtico acueducto vacacional. La kafkiana situación que se crea con el calendario laboral vacacional, se ha elevado estos días con la fiesta de martes y jueves. Un verdadero caos si pensamos en la manera en que los padres (como bien dice la editorial de El Periódico de hoy) pueden combinar sus días con los de sus niños o la sensación extraña de los días laborables, con especial atención a ese miércoles solitario, como una isla desierta entre dos puentes. Creo que es una irracionalidad la disposición actual de las fiestas estatales y las de cada comunidad (al margen de las que cada ciudad puede poner), y que algún debate se debe abrir en este sentido. Los comerciantes también lo han dicho, y en este sentido se han de pensar en situaciones para poner un poco de lógica a los puentes.
Y para más “inri” (nunca mejor dicho), el Concordato de privilegio que la Iglesia Católica tiene con España, sigue marcando muchas de las cosas más cotidianas. Hace unos días hablábamos de la LOE y de la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas, una cosa que la más mínima racionalidad debería de descartar en su formato obligatorio, en hora lectiva o de cómputo para nota y que debería dejarse para los colegios privados que la quisieran dar y dejar a la pública de imposiciones religiosas. Quien quiera que la tenga pero no para todos ni computable. Pero es que ahora, en el tema de este puente, una de las dos fechas es la de la Inmaculada Concepción, y parece ser que la Iglesia no quiere dar su brazo a torcer y pasar esta fiesta a un lunes o a otro día que no perjudique tanto la semana laboral.
Pero hablando de cosas más agradables, os he de decir que si en algo me gustan estas fechas es por los momentos que nos reservamos cada uno para poder estar con nuestra familia y nuestros conocidos. Cómo hacemos que los reencuentros o los encuentros se conviertan en parte de nuestra agenda diaria. Es verdad que también es momento de recordar a los que ya no están, y que es momento de evaluar lo realizado en el año que dejamos. Es momento de plantearse las metas del siguiente y sacar las conclusiones objetivas del trabajo realizado.
Yo, a parte de eso, os quiero comentar, en este post, que he tenido la oportunidad de estar en dos cenas de estas que se montan para estas fechas. Una con amigos de hace años: “viejos conocidos del lugar” con los que el encuentro es una vista al pasado y un sano aliento de viento fresco. La otra, con la actual ejecutiva y el cuerpo administrativo y gerencial: a los que, de vosotros, leéis esto, a los que estuvisteis compartiendo esos momentos y que os habéis convertido en parte esencial para mí, os quiero agradecer la maravillosa velada que compartimos, las risas, los regalos, el gorro de Papá Noél, las complicidades, los abrazos, los anillos de Eli, las firmas en los libros y las palabras de amistad. A todos y todas, gracias por hacerme sentir bien y por hacerme saber que estáis ahí. Gracias por ceder parte de vuestro tiempo a compartir una ilusión.
Gracias por vuestras miradas, vuestros abrazos y gracias por vuestras risas; y, por qué no, gracias por haber estado cuando las lágrimas ganaban la batalla a la sonrisa.
En definitiva, la velada que pasamos juntos es uno más de los maravillosos recuerdos, con los que habéis llenado ese zurrón que siempre digo que llevamos todos a la espalda en nuestra vida, personal y política.
Un abrazo.