13 d’octubre, 2005

Reflexiones iniciales sobre el ocio

Por una cultura del ocio

Escribo estas líneas pensando en las veces que este tema ha sido recurrente en mis tertulias y debates políticos juveniles. Es verdad que no es el tema más candente de la actualidad, pero sí es cierto que vale la pena reflexionar sobre él. El weblog me permite plasmar lo que, muchas veces, me he planteado a nivel personal.
Partimos de dos premisas: el ocio no es exclusivo de la juventud, y el ocio no es exclusivo de la noche. A esto le añadimos dos condicionantes: el derecho al ocio ha de estar en consonancia con el derecho al descanso de otros y el derecho al ocio ha de ser respetuoso con la propia vida y la de los demás. Con todo ello, creo que el ocio ha de ser configurado como una parte más de la propia construcción integral de nuestra identidad, dentro de nuestro uso del tiempo libre, tal y como lo son el trabajo, las actividades vitales y el estudio. Consecuentemente, no se ha de configurar como una vía de escape a situaciones personales ni laborales o sociales, por las cuales canalizar estados determinados. El cambio de enfoque y las consecuentes nuevas políticas públicas y actitudes personales ante el ocio, no han de venir avaladas por reflexiones que lo traten de manera residual, sino como parte estructural de la propia identidad como personas.
Por eso hablo de una nueva cultura.
Pero volvamos a las premisas y los condicionantes: el ocio no es exclusivo de una etapa de la vida, si bien en la juventud se concentran y se visualizan las mayores actividades encaminadas en este sentido, como también se le atribuye las consecuencias negativas que el mal uso conlleva. Sin negar las evidentes consecuencias que todos conocemos, creo que el ser humano necesita tiempo libre, definido éste como aquella franja de tiempo en la que no realizamos actividad remunerada ni por la que esperamos reconocimiento, ni realizamos actividades básicas. El tiempo libre se configura como el espacio individual de uso personal o social, en el que el hombre/mujer desarrolla una actividad voluntaria que le debiera reportar un bienestar físico o psíquico. Por ello no es exclusivo de la juventud y por ello hemos de reivindicarlo como parte de las políticas encaminadas a favorecer las condiciones de vida de nuestros mayores.
Asimismo, no es exclusivo de la noche, ya que el ocio, como resultado concreto de la actividad realizada en nuestro tiempo libre, puede configurarse a lo largo de todo el día, tanto por la actividad laboral o estudiantil que tenga el sujeto, como por la disponibilidad que se tenga. El joven se divierte y se seguirá divirtiendo en la noche, buscando disfrutar de esos ratos libres. Esta realidad, que hemos de tener en cuenta, nos ha de llevar a no sólo velar por los derechos de aquellos que se puedan ver perjudicados por esta actividad, sino también a garantizar la libertad, igualdad, seguridad e integridad de aquellos que libremente disfrutan de su tiempo libre. Y no sólo por la noche, y no sólo gente joven.
El sacar al ocio del estigma de la noche que algunos pueden querer llevar, le permite al ocio abrirse caminos que, lentamente se van perfilando: el deporte, la música, la cultura, la tertulia, los paseos, etc, son ejemplos de actividades que configuran nuestro tiempo libre y que, junto a la diversión asociada a la “fiesta nocturna”, perfilan un ocio de 24 horas. Sólo si asociamos políticas públicas encaminadas a defender el ocio como parte integral de la persona (y que, por tanto, se ha de proteger), como se hace con la formación y el trabajo, podremos definir otras políticas consiguientes: de seguridad personal y colectiva, protección de los derechos, y favorecedoras de ofertas integrales. El ocio, entonces, se convierte en algo importante y favorece también las actividades responsables de quienes lo ejercen.
Por eso hemos de ser conscientes todos, y aquí especialmente en los casos en que el ocio puede causar molestias, que hay actividades incompatibles. No se ha de prohibir nada, cada uno ha de poder hacer lo que quiera, siempre y cuando se sea consciente de los peligros asociados a determinadas combinaciones. Es evidente y lo vemos cada día, que alcohol y carretera no son compatibles. La diversión es necesaria, pero no hemos de olvidar que al volante podemos causar problemas graves.
Decía que el ocio ha de ser respetuoso con el descanso de aquellos a los que puede perturbar, como no puede ser de otra forma, al tratarse de un derecho, puesto que la libertad se extiende hasta que colisiona con la de otro. Las políticas encaminadas a conciliar ambos derechos han de hacer hincapié en el respeto, la comprensión y la reciprocidad.
Con estas líneas pretendo hacer una breve aproximación a lo que creo que ha de ser un cambio de enfoque en la cultura del ocio y la gestión del tiempo libre. Sólo así podremos sacar determinados estigmas ancladas de manera interesada en la juventud y que, en realidad no son más que el reflejo de situaciones mal planteadas, sin eludir que determinados comportamientos individuales son perjudiciales para la colectividad. Pero son eso, comportamientos individuales, nunca estándares homogéneos atribuibles a colectivos. Pasa lo mismo al hablar del civismo y las actitudes incívicas y/o vandálicas. Pero esto da para otro artículo.
De momento dejo esto aquí. Espero vuestras aportaciones para completar estas primeras ideas.
Saludos.
Paco.