27 de setembre, 2005

El último que a(pague) la luz (La compra de Fenosa)

Pues sí! En esas estamos. La vida actual no se concibe sin la relación estrecha que mantenemos con la energía eléctrica, hasta tal punto que el más imperceptible de los actos puede estar relacionado con ella. Nuestros hogares son lugares eléctricos: desde el comer (nevera, fogones...), el aseo (ducha, plancha...), y como no! el ocio: internet, consolas, radios y la televisión! Nuestro mundo dentro de la casa, visto desde fuera, es un mundo lleno de posibilidades, lleno de oportunidades que otros no están dispuestos a dejar pasar.No lo percibimos así concretamente, pero detrás de la pantalla del televisor, detrás de los filamentos y tras un mundo de cables, conexiones y redes, otros contemplan extasiados cómo en nuestra humilde morada ignoramos las maniobras que, silenciosamente, se tejen al albur de nuestro consumo eléctrico.
Es una obviedad que todos conocemos: será por la guerra de irak, será por la huelga de transportistas, será por el huracán que sea,o será por el abuso que el cartel llamado OPEP hace de los recursos de la Tierra, pero algo los une: el petróleo sigue subiendo y, consecuentemente, por ejemplo, la gasolina que consumimos (ya sea en vehículo privado o los públicos). No voy a entrar ahora en el debate sobre el transporte, ya que en este punto quiero resaltar la influencia que en las economías domésticas tiene el alarmante, indiscriminado y contínuo ascenso de la gasolina, sin hacer distinción de marcas, modelos, cilindradas o accesorios automovilísticos. Mientras este recurso sube, en el horizonte ya hace tiempo que se vislumbra otra fuente de negocio: la energía eléctrica. La electricidad, los recursos que producen lo necesario para que todo funcione. Estos días hemos asistido a la plasmación práctica de que aquello que nos decían de que la energía ni se crea ni se destruye, si no que se transforma, no es verdad: en realidad, se compra.
Total, que en esas estamos, nosotros venga a consumir, y otros, en un juego que nos parece de mesa, se cruzan apuestas, envites y faroles, en una carrera por demostrar al otro que se es más fuerte. Pero no nos equivoquemos, éste es un juego sólo de ricos; qué digo ricos, de muy ricos; este juego en el que un presidente de fútbol le birla el caramelo al más rico del país, cuando ya le quitaba el envoltorio. Es posible que se haya quedado con la boca abierta, pero no os preocupéis, que seguro que ya tiene pensado en qué hincarle el diente. En estos salones las apuestas son altas y la banca siempre gana. A los demás nos es vetada la entrada, y sólo nos queda....sólo nos queda lo que siempre hemos tenido: la libertad! La libertad de exigir transparencia, de exigir la defensa de nuestros derechos, la necesidad de velar por nuestros recursos y la protección pública. Nos quedan muchas cosas, no sólo somos comparsas de este negocio. Reivindicamos la competencia si esta redunda en garantías y beneficios para los consumidores, si nos sentimos amparados. Uno a uno, millones, y millones, cada día volvemos a hacer la misma rutina y seguimos nuestra vida; pero no olvidemos estar vigilantes y reivindicar nuestros derechos. Y eso sí, el último que apague la luz.